

La civilización nurágica representa un caso único y peculiar con respecto al resto del Mediterráneo. Floreció aproxidamente hace 4000 años como sociedad preponderantemente pastoral, con una organización social de tipo tribal que la acomunaba a los pueblos itálicos del Continente.
Las diferentes tribus vivían en perenne conflicto y es por este motivo que los nuragas surgieron tan numerosos (se han contado hasta 8000). Estas fortalezas de piedra las encontramos sobretodo en las mesetas del centro y en el cuarto norte-occidental de la isla; muchos son bien visibles a los lados de las carreteras más traficadas (concepto que por suerte en Cerdeña es de todas formas muy relativo), otros en zonas más tranquilas pero igualmente bien alcanzables y algunos engarzados en los rincones más salvajes del Supramonte.
El nuraga de Barumini, Su Nuraxi, a muy pocos kilómetros a sur-este desde la Giara de Gesturi, es el complejo nurágico seguramente entre los más importantes de la Cerdeña. Fue construido en 4 fases: a la fase A (siglos XVI-XIV a. C.) se remonta la grande torre central; en la fase B (siglos XIV-XII a.C.) un bastión a 4 lóbulos englobó la torre; en la fase C (siglos XIII-X a.C.) fue erecto un muro di apoyo a las paredes del bastión, que se habían aruinadas; la fase D (siglo X a.C.- siglo III d.C.) vió la construcción de una aldea alrededor del complejo, ya en decadencia, decretando su definitiva absorción.
También el Valle de los Nuragas, en el Sassarese, merece sin dudas una visita, en particular la Reggia nurágica de Santu Antine, surgida en un territorio en que hubo presencia humana desde hasta la época prenurágica, como demuestra la presencia de dolmen y domus de janas (en efecto hay aquí el complejo más importante de este tipo de tumbas, el de Sant’Andrea Priu); se trata de una meseta que se expande entre Torralba y Bonorva, donde se desanuda un fácil recorrido que en 4/5 horas de camino permite de visitar unos quince interesantes nuragas largo un itinerario campestre. De la misma forma merecen los centenares de nuragas, pequeños o grandes, que se confunden sugestivamente con las rocas y la naturaleza en los territorios más remotos, casi hubieran sido erectos como inmóviles guardianes del milenario transcurrir de los ciclos naturales.